La carta con confesión de irregularidades financieras que ha entregado en el juzgado el ex presidente de la Fundació Orfeó-Palau de la Música, Fèlix Millet, implicado en un sumario de corrupción por su gestión al frente de la entidad, contiene acusaciones más o menos directas sobre otros directivos y sobre diversas entidades. Al respecto, también se refiere al pago de comisiones para conseguir "subvenciones de las administraciones públicas", aunque no concreta nombres ni cargos. Es lo que se conoce como la táctica del calamar: cuando alguien tiene problemas, echa tinta que mancha todo su entorno para ocultar sus evoluciones.
De esta forma, además de implicar directamente al ex director administrativo, Jordi Montull, Millet afirma en su carta, refiriéndose a la directora general de la fundación, Rosa Garicano -no da el nombre-, que "la directora general de la fundación cobraba en su nómina una comisión mensual por captación de miembros de la fundación". No se sólo eso. También asegura que "un vicepresidente de la fundación también cobraba oficialmente una retribución fija de unos 12.000 euros al mes por captación de recursos".
La junta del patronato de la fundación Orfeó-Palau de la Música tenía tres vicepresidentes: la vicepresidenta primera, Mariona Font de Carulla, que se hizo cargo de la presidencia después de estallar el escándalo; Arcadi Calzada, vicepresidente segundo, que ha negado haber recibido ninguna cantidad, y el vicepresidente tercero, el financiero Manuel Carreras, que ha sido presidente del Círculo Ecuestre en Barcelona y actualmente preside Sport Cultura Barcelona, asociación que reúne las 13 instituciones deportivas y culturales más representativas de la ciudad.
Además, Millet insinúa en su carta el pago de comisiones ilegales a miembros de la administración pública. Dice inicialmente que "con tal de emprender el proceso de modernización del Palau (obras de restauración y ampliación del edificio modernista) era imprescindible disponer de una importante financiación que en los últimos años hemos conseguido incrementar de manera exponencial gracias a las subvenciones de las administraciones públicas y, también, al aumento del número de patrocinadores privados y de sus aportaciones".
Y añade: "Con la voluntad de conseguir el máximo nivel posible de ingresos, debo reconocer que en los últimos años he accedido en diversas ocasiones al pago de comisiones a personas que estaban en condiciones de conseguir o facilitar la obtención de estos recursos económicos, y a menudo estos pagos –y las correspondientes salidas en efectivo– no han sido debidamente contabilizadas".
También indica que "para conseguir captar los recursos económicos necesarios para reformar el Palau, ciertas personas (algunas, no todas) nos pedían una comisión en efectivo. Una parte de los industriales contratados, sobre todo los primeros años, también querían cobrar en efectivo sin ningún tipo de factura".
Asimismo, explica que era necesario generar dinero negro para realizar algunos pagos en efectivo. Afirma que "los intermediarios de las orquestas, grandes y pequeñas, te pedían una comisión, evidentemente sin ningún documento oficial", y que "con los miembros de los distintas corales del Orfeó Català y los profesores de la escuela de música, sucedía exactamente igual". Se refiere específicamente a cantores del Cor de Cambra del Palau, de l'Orfeó, del Cor Jove o el Cor de Noies, como colectivos que recibieron dinero no justificado fiscalmente.