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Política · 4 de Febrero de 2021. 12:15h.

"El amor a España de Oriol Junqueras"

"El amor a España de Oriol Junqueras"

Es bien sabido, público y notorio que el junquerismo es ante todo amor. Toda la extensa humanidad del político catalán desprende un halo irremisible de cariño y bondad, hasta tal punto que a un descreído como yo le invade un súbito ataque de ternura y me entran ganas de estrecharle entre mis brazos, apretujarle contra mi pecho como si fuera un osito de peluche y rememorar así mi más tierna infancia porque en el fondo -e incluso en la superficie- yace una puerilidad sobrecogedora, una empalagosa cursilería y una supuesta empatía traída con fórceps.

Cada vez que Oriol Junqueras hace expresa gala de que “ama a España, a los españoles y a su lengua" como acaba de manifestar en una entrevista a La Sexta a mí se me revuelve el estómago de asquito porque me recuerda aquello evangélico de los fariseos y sepulcros blanqueados. Es un ejercicio jesuístico que el Diccionario de la Lengua define como un “comportamiento hipócrita, disimulado”. Me sobra tanta genuflexión vaticana, tanto enaltecimiento sin venir a cuento en definitiva demasiada vaselina antes de endilgárnosla hasta el fondo. 

Quien se considera a sí mismo el “independentista más independentista que nunca haya habido" tal que si fuera aquel anuncio del detergente que lava blanco, blanquísimo, quiere que a España le vayan bien las cosas y ayudar en la medida de lo posible, querer lo mejor para sus "vecinos”. Esta cascada de buenos deseos me recuerda a un cómico norteamericano Zero Mostel, quien solía hacer un número sobre los orígenes de la Segunda Guerra mundial. En el punto culminante del sketch, preguntaba al auditorio: «¿qué hacía Pearl Harbor en el Pacífico?». Es decir, tanto como “¿Qué hacen los españoles en Cataluña?”

Para Oriol Junqueras, como para otros muchos, las relaciones futuras corresponderían a las de una pareja que después de haber llegado a la conclusión de que ya no quieren continuar viviendo juntos, de forma pacífica y civilizada deciden separarse sin que ello presuponga ninguna enemistad ni mal rollo como dicen ahora los modernos. Este imaginario nace a su vez de otra idea muy grata a la historiografía romántica e incluso al reverenciado Jaume Vicens Vives, según la cual Cataluña no sólo tendría personalidad propia, sino que de hecho sería como una persona.

La nación es, a fin de cuentas, como una persona para el nacionalismo catalán. De ahí “el derecho a decidir” como tiene cualquiera a decidir su futuro, y el derecho inalienable de cesar una relación en este caso entre Cataluña y España cuando la relación ya no funciona. Un divorcio, pues, de mutuo acuerdo. Sin embargo, para los independentistas existe una culpa inherente a España ya que, en esta supuesta relación de pareja, España ha sido un maltratador y Cataluña la víctima. El propio Pasqual Maragall llegó a comprar a su propio gobierno de la Generalitat con una mujer maltratada precisamente en el Día Internacional de la Mujer.

España ejercería la violencia -el caso paradigmático sería la actuación policial el 1 de octubre del 2017- por aquello de que “la pegué porque era mía” y encima culpabilizarían a la víctima acusándola de ser la responsable de sus sufrimientos, mediante la declaración de independencia y la convocatoria del ilegal referéndum. Algo así como los violadores que acusan a las víctimas de ir con falda demasiado corta.

Debajo de ese supuesto amor por España de Oriol Junqueras está la inevitabilidad de la independencia de Cataluña, que llegará más pronto que tarde siguiendo las teorías del filósofo Oswald Spengler, el autor de la celebérrima obra La Decadencia de Occidente, un pensador nacionalista y antidemocrática que establecía el determinismo histórico. De la misma forma que el día sigue a la noche o se suceden las estaciones año y de la misma forma que los hombres nacemos, crecemos y morimos, así lo hacen las naciones. Este esquema lo han seguido fielmente todos los nacionalismos europeos. Primero una fase de interés cultural ligado al descubrimiento de la lengua, las costumbres, las ruinas monumentales, etc…; seguida de la construcción de una nación imaginaria, con sus agravios económicos y a continuación vendría la reclamación de la entidad nacional hasta la consecución de la autonomía política para culminar en la independencia de un estado propio. 

Las declaraciones de amor a España de Oriol Junqueras casan muy bien con aquella máxima de que “Excusatio non petita, accusatio manifesta”. Es decir “excusas no pedidas, acusación manifiesta” de quien las efectúa. Es de manual.

@manueltrallero

 

 

 

 

 

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10 Comentarios

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#10 Chris, Lleida, 04/02/2021 - 23:20

Junqueras és un falsari. Un trilero del poker. Ves per on, precíssament enalteix l'amor per la nació d'una manera massa dramàtica, se li veu el llautó d'aquí a Plutó.
Aquest home no és sincer en res del què diu,es pensa que som com la seva borregada.Per la gent manipuladora,mancada de dignitat i escrúpols,parlar interessadament és natural

#9 HAPPY, Esplugues de Llobregat, 04/02/2021 - 23:14

Junqueras es un cínico narcisista que se gusta en su papel. Lo cierto que es que ignora, desprecia, y anula a los españoles catalanes que no entendemos al resto de España como algo ajeno, sino como parte de nuestro ser. No somos un tercero, somos Cataluña tanto como el, una Cataluña lejos de su pensamiento único identitario

#8 Ciudadano Sinmitos, Barcelona, 04/02/2021 - 21:08

¿Se creerán los españoles que Junqueras les ama?
-Es más probable que se crean que la Tierra es plana.

#7 Albert, BCN, 04/02/2021 - 21:00

Alguien que no respeta las leyes no merece gobernar ni una comunidad de vecinos... que siga durmiendo en la trena es donde debe estar

#6 Sharp, Tarragona, 04/02/2021 - 20:11

la mejor definicion de Junqueras, la escribio en las notas tomadas por el Lendakari Urkullu, en los intentos de medician entre rajoy y PuigdemonT: Junqueras, lo pero en la política.

Sencillamente un embaucador, un hipocrita que es prisonero de su propio personaje y no puede cambiar.