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Política · 28 de Mayo de 2019. 09:30h.

“Esquerra no es fiable ni se puede negociar con ellos”

Jordi Canal, historiador: “El discurso Rey fue impecable y oportuno”

“Esquerra no es fiable ni se puede negociar con ellos”

Jordi Canal

El historiador Jordi Canal i Morell (Olot, 1964) acaba de hacer una cosa un poco suicida en Catalunya para los tiempos que corren: publicar un libro sobre la casa real: “La monarquía en el siglo XXI (Turner)”. Si no es un libro necesariamente a favor -no esquiva polémicas como el elefante o Barbara Rey- tampoco puede decirse que sea necesariamente en contra. Autor de varios libros -sobre todo sobre carlismo- y profesor de la École des hautes études en sciences sociales de París, sospecho que ya está habituado a meterse en berenjanales.

- ¿Esquerra siempre tira al monte? Lo digo por el veto a Iceta

Esquerra Republicana de Catalunya ha sido, tanto en la etapa de la Segunda República, como, tras su reinvención en el posfranquismo, durante la España democrática un partido poco fiable y reñidor. El golpismo de 1934 y de 2017, la ambigüedad de Companys ante los asesinatos de retaguardia en la Guerra civil española, la integración de cuadros de la antigua organización terrorista Terra Lliure y, asimismo, algunas individualidades alocadas e incompetentes que han estado al frente del partido en uno u otro tiempo como Lluís Companys, Àngel Colom, Pilar Rahola, Josep M. Terricabras, Gabriel Rufián o Ernest Maragall no permiten tomarse demasiado en serio a esta formación. Tarradellas se dio cuenta de ello, afortunadamente, en el exilio y regresó totalmente cambiado. Lo del veto a Iceta demuestra, por encima de todo, que no son fiables ni se puede negociar nada con ellos. Parece raro que después de tanto tiempo los socialistas no hayan aprendido la lección. El hecho de que Esquerra se convierta en la primera fuerza de Cataluña es una clara muestra de que vivimos en una sociedad enferma y desnortada.    

- ¿Usted se fiaría de Junqueras?

Nunca ni en ninguna circunstancia. Ni del político ni del historiador…

- Bueno, vamos a hablar de su libro: francamente, un poco kamikaze hacer uno sobre la monarquía en la Catalunya actual

Me gustan los retos. Y además pienso que se trata de un libro necesario en tiempos revueltos y confusos como los actuales. La monarquía está recibiendo últimamente muchos ataques que, en el fondo, lo que pretenden es acabar con nuestro sistema democrático. En el último lustro se han consolidado dos núcleos, que hacen del derribo de la monarquía un auténtico objetivo, usando todas las posibilidades ofrecidas por los espacios político, mediático y virtual: el independentismo catalán y la izquierda populista. El auge de ambos campos tiene mucho que ver con los efectos, en el terreno de la política, del escenario de policrisis vivido desde 2008. El “procés” se llevó por delante, desde principios del siglo XXI, toda tentación accidentalista y convirtió a los creyentes en la república prometida en contrarios acérrimos de la monarquía. De hecho, si la odiada Constitución española reza que el rey es el símbolo de la unidad y permanencia del Estado español, aquel deviene, lógicamente, el pilar del sistema a abatir. El objetivo final justifica vulnerar la legalidad y despreciar a los que piensan distinto. El mensaje de Felipe VI, el 3 de octubre de 2017, convirtió al monarca en el enemigo por excelencia de la Cataluña fracturada del independentismo. El combate contra la monarquía está repleto de acciones simbólicas y actuaciones contundentes, pero carece de argumentario. Las emociones se imponen, en todo momento, a la razón.

La izquierda populista organizada en torno a Podemos y sus confluencias y, asimismo, a Izquierda Unida, en cambio, sin rehuir lo simbólico, se ha centrado en la elaboración de un conjunto de tesis y diatribas contra la monarquía, débiles en su formulación y sustento, pero muy efectivas. Para estos grupos, la monarquía constituye la pieza fundamental del denostado “régimen del 78” y, en consecuencia, el elemento que debe ser debilitado y desprestigiado en aras de un cambio radical en la configuración de la democracia española. A diferencia del independentismo catalán, con el que comparten planteamientos populistas, no contemplan, como mínimo inicialmente, un enfrentamiento que vulnere ninguna legalidad, sino una pugna en el seno del marco democrático y constitucional. La inmadurez política, sin embargo, no disculpa una cierta irresponsabilidad. Los argumentos para poder afirmar que una república sería mejor que una monarquía para la democracia española no aparecen en ninguno de los textos de Iglesias o Echenique. Es el simple vacío tras los grandes enunciados, al que nos ha acostumbrado la razón populista.

-¿Le parece oportuno el debate monarquía-república en España?

El debate monarquía-república no es ni debería ser una suerte de tabú en España. Sin embargo, un par de condiciones tienen que presidirlo. Ante todo, resulta imprescindible convertirlo en una discusión seria, con argumentos fuertes y sin prejuicios, sin demagogias y con voluntad integradora. La teoría y las abstracciones sobre ambas formas han de ser combinadas con el ejercicio y las prácticas y, evidentemente, con las experiencias y los resultados. Una exigencia de responsabilidad intelectual y moral a los participantes en dicha controversia, tanto desde los medios de comunicación y las redes, como desde la tribuna y el ámbito aplebecadémico, deviene indispensable. No todo vale. Los argumentos y la razón necesitan imponerse a las acusaciones y las simples emociones. Junto a altas dosis de consenso y generosidad, un debate de estas características requiere mucho rigor y honestidad, poco cortoplacismo y tacticismo, y, por encima de todo, responsabilidad. En segundo lugar, resulta imprescindible que el debate tenga lugar en un ambiente lo más sereno posible, en una situación lo más estable posible y en un país lo más recuperado de las crisis posible. No es una disputa, me parece, para hoy, sino para mañana.

- Si me permite, tampoco ha hecho un libro a favor de la monarquía sino sobre la monarquía. No ahorra episodios polémicos como la muerte de un hermano del rey emérito, la supuesta relación con Bárbara Rey, el caso Noos o la caza del elefante

No era mi intención, en ningún momento, hacer un libro a favor de la monarquía. Como usted dice bien, es un libro sobre la monarquía. He intentado no dejar nada fuera de mi análisis. Todas las cosas anteriores han ocurrido y es necesario intentar comprenderlas en su contexto. Pero tampoco no se pueden utilizar, como se ha hecho con frecuencia, como los únicos elementos para juzgar una figura o un reinado. El reinado de Juan Carlos I duró muchos años, entre 1975 y 2014, y no se puede explicar solamente por lo ocurrido al final, entre 2010 y 2014. Hacerlo de esta manera es, o bien interesado, o bien olvidadizo, o bien presentista. En cualquiera de los tres casos, esta visión no responde a la realidad. No puede olvidarse el papel del rey en la construcción de la democracia en España ni en la transformación que España y los españoles vivieron en el último cuarto del siglo XX. A los españoles, y entre ellos a los catalanes, les ha ido muy bien con Juan Carlos I. La monarquía de Juan Carlos I ha sido una monarquía parlamentaria, democrática y republicana. Y ello permitió un progreso y una etapa de estabilidad que España no había tenido en ningún otro momento de su historia. Una vez asegurado todo esto, es evidente que al lado de éxitos se cometieron errores condenables, tanto en la gestión de la familia real como en las relaciones con la prensa y el nuevo mundo de las redes. La monarquía de Juan Carlos I no supo adaptarse adecuadamente a la nueva sociedad española del siglo XXI, en donde cosas que eran antes aceptables habían dejado de serlo –matar elefantes, por ejemplo-, y además se confió, pensando que la monarquía ya estaba totalmente consolidada. Las monarquías democráticas y republicanas como la española deben legitimarse cada día y deben ser ejemplares. Hacia 2010, en plena Gran recesión, el rey y la Casa Real lo habían olvidado. Y fue un error, que solamente pudo corregirse con una abdicación y un nuevo rey, Felipe VI, que ha aprendido de las experiencias del pasado y está poniendo en primera línea el rigor y la ejemplaridad, consciente de la necesidad de mostrar a la sociedad, y sobre todo a las nuevas generaciones, la utilidad de la institución.

- Por cierto, la reina Sofía es una santa

Lo de la santidad es algo muy particular, pero sí es cierto que ha aguantado mucho en lo personal y que ha sido ejemplar en lo institucional. El propio Juan Carlos I dijo una vez que era una gran profesional. Aunque parece que a ella no le gusta esta expresión, lo ha sido. Me parece que Felipe VI ha heredado muchos elementos de su madre a la hora de entender y ejercer la Corona, naturalmente modernizados y adaptados a unos nuevos tiempos con la ayuda de su entorno y de la reina Letizia. Muchas son las personas que aseguran que Felipe VI tiene más de Grecia que de Borbón. Seguramente aciertan. Su gran reto, en este momento, es juntar la utilidad de la monarquía y la Corona que Juan Carlos I consiguió mostrar, durante algunas décadas, a ojos de los españoles y del mundo, con la ejemplaridad de la monarquía y la Corona que supo representar, en todo momento, la reina Sofía. En los cinco años que llevamos de reinado lo está consiguiendo. 

- ¿A qué atribuye la presunta mala relación entre ella y doña Letizia? En el caso de que, en efecto, haya mala relación

Se trata de dos modelos de reina que chocan necesariamente. La modernización y la plebeyización que ha introducido la actual reina Letizia en la Corona genera –y ello es normal- fricciones. Todo ello, evidentemente, al margen de cuestiones estrictamente personales, que son, como dice la misma palabra, personales. Si no afectan a la monarquía como institución son simples anécdotas.

- Doña Letizia también tuvo mucho protagonismo al principio -aquel “Déjame terminar”- y parece que ha disminuido

La llegada de doña Letizia a la familia del rey supuso muchos cambios y generó expectativas y férreas oposiciones. El “Déjame terminar…”, que provocó las carcajadas de los presentes e innumerables comentarios de todo tipo, fue una mala jugada de la espontaneidad de la futura reina, poco entrenada todavía en la realidad de la realeza. Ser reina se aprendía antes desde el mismo nacimiento, pero ahora ya no. Y ahora, incluso, se acepta un pasado con un divorcio. El siglo XXI ha dejado atrás al siglo XX. Desde la entrada en palacio de doña Letizia no han cesado las controversias. Estas se estructuran, en resumen, en torno a dos oposiciones: la del modelo de monarquía (modernidad y apertura versus tradición) y la del modelo de reina, que la contrapone a su suegra, doña Sofía. Por esta razón, todo lo que le atañe se convierte en objeto de inmisericorde escrutinio. Una personalidad fuerte e independiente como la de doña Letizia no deja indiferente. Las humillaciones sufridas en los primeros tiempos al lado del futuro rey –de algunos viejos amigos de él, pijos y ricos, que la menospreciaban; de una parte de la aristocracia hispánica, que aborrecía a la plebeya intrusa; o incluso de determinados comunicadores del mundo rosa-, contribuyeron a forjar, asimismo, el carácter aparentemente duro y desconfiado de la futura reina.    

- ¿Por qué la monarquía ha pillado mala fama en una parte de Catalunya? Ya viene de antes del discurso del rey Felipe el 3 de octubre

Sí, es anterior. Como decía antes, la construcción de la república catalana convierte automáticamente a la monarquía y al rey en enemigos de Cataluña. En este caso, además, los independentistas han vuelto a equivocarse, como hicieron al considerar que el Estado era débil. Una supuesta debilidad que sorprendió en octubre de 2017 y sigue sorprendiendo con los juicios y la cuidadosa pero firme aplicación de la ley. La monarquía no es tampoco tan débil como piensan.

- ¿Usted hubiera hecho ese discurso o lo habría enfocado de otra manera?

El discurso del día 3 de octubre fue impecable y oportuno. Fue impecablemente constitucional. La Constitución de 1978, que no da poderes al rey, sí le asigna el arbitraje y moderación del funcionamiento regular de las instituciones. Fue una intervención extraordinaria provocada por unos hechos gravísimos, que alteraban sustancialmente el funcionamiento institucional y atentaban contra la legalidad y la unidad española. El mensaje real no solo era constitucionalmente correcto, sino también muy oportuno, tanto para señalar responsabilidades (e irresponsabilidades) e integrar a los catalanes invisibilizados –en un conflicto que no enfrentaba a Cataluña con España, sino a dos Cataluñas-, como para hacer posible el consenso de los demócratas y forzar el abandono de la táctica pasiva del Gobierno. Rajoy dio el visto bueno a la intervención, aunque era evidente su desacuerdo, en una reunión celebrada a mediodía del mismo día 3. Este discurso de Felipe VI ha sido comparado con el pronunciado por su padre en la madrugada del 24 de febrero de 1981. Contribuyeron a frenar, en ambos casos, el golpismo. Algunos han dicho que el rey no se disculpó por lo ocurrido el 1 de octubre. No tenía ninguna razón para hacerlo. Y no debía hacerlo. Otros han dicho que no habló en catalán. No era un discurso solo para los catalanes ni para los catalanohablantes. Además, el castellano es una lengua profundamente catalana. Felipe VI ha sido, desde joven, muy sensible a todo lo catalán. La carga de tristeza de algunas de las palabras del rey en el discurso del 3 lo muestra claramente. El discurso fue un gran acierto del rey y de la Casa Real.  

- ¿Por qué el independentismo es republicano? No hubiera sido más fácil con el rey a favor que en contra aunque el rey reina pero no gobierna. Quiero decir que canadienses y australianos tienen rey -reina- y no echan en falta ninguna república.

Es republicano por estrategia y por el peso de ERC. La Cataluña históricamente republicana y anti-monárquica es un invento. El rey simboliza en España la unidad de la nación. Y, en consecuencia, optan por lo contrario. En otras partes nadie echa en falta una república, ni en Noruega, ni en Suecia, ni en Holanda, ni en Gran Bretaña, ya que la monarquía asegura libertad y democracia. Como en España. Según los más prestigiosos índices de calidad democrática, las monarquías ocupan los primeros puestos. España está, por ejemplo, muy por delante de Francia, Italia o Estados Unidos. Las monarquías parlamentarias democráticas y republicanas, como la española y las que he citado antes, aseguran mejor la democracia y las libertades que la mayor parte de las repúblicas. Deberíamos dejar a un lado la idea falsa, que explota Podemos y el independentismo, de que la monarquía es incompatible con la democracia, y la república todo lo contrario. Supongo que el ejemplo de república democrática no es ni Venezuela ni la antigua URSS ni la famosa República Democrática Alemana. Hay monarquías no democráticas, como las del Golfo, pero otras, como las europeas, son bastante modélicas. Comoquiera que sea, existe mucha más libertad y democracia en la España de Felipe VI que en la república catalana imaginada de los Torra, Puigdemont, Rahola o Lluís Llach.

 - Usted que es de Girona, ¿hay algo de carlismo en el proceso?

No hay carlismo, en el sentido de continuidad, pero sí hay varias cosas del carlismo. Resulta muy interesante comprobar que los mapas de la influencia carlista en el siglo XIX no resultan muy distintos de los que ponen de relieve las zonas más independentistas en la actualidad. Los conflictos del siglo XIX y los de hoy poco tienen que ver. La equivalencia territorial es, en cambio, interesante. Se trata de zonas que han sido muy tocadas por el catolicismo y el conservadurismo social, de familia troncal y comunidades fuertes y reacias a grandes cambios. No se puede reducir a una cuestión de derechas e izquierdas, sino de fondo conservador, que sirve tanto para la vieja Convergència pujolista como para la ERC de Junqueras o la CUP. La Cataluña del proceso no quiere cambiar. Se gusta tal como es o como cree que es. Los miedos a las crisis de principios del siglo XXI han sido reconvertidos en entusiasmos por la independencia. España representa para ellos la crisis, el derroche, la corrupción, la baja calidad democrática, el expolio, mientras que el paraíso se encuentra en la otra esquina. Junto al conservadurismo, el no querer cambiar, no puede olvidarse el complejo de superioridad de los independentistas y el desprecio hacia los que no piensan como ellos. Se creen superiores y por ello no respetan ni la ley, ni la libertad, ni la democracia. Están por encima de ello. Y, como los carlistas del siglo XIX, los procesistas creen que la llegada de la república catalana –o el rey, en el caso de los carlistas- lo solucionará todo por arte de birlibirloque. La fe les ofusca y les permite no tener proyecto, más allá de la tierra prometida. Una tierra prometida que, visto lo visto hasta ahora, no puede ser más que un inmenso fiasco.

- ¿Qué le ha pasado a Puigdemont?

Si quisiera resumirlo en una sola frase, quizás tomaría prestada la frase de un gran periodista de Gerona, Albert Soler: Carles Puigdemont está como una regadera. A pesar de ello, Puigdemont está teniendo algo de suerte. Torra está impidiendo que pueda ser el peor y más nefasto presidente que ha tenido la Generalitat de Cataluña. Parecía imposible, sí, pero Torra le está superando en nulidad, en paletismo y en supremacismo. Uno de los efectos del proceso va a ser el desprestigio y deslegitimación de las instituciones catalanas. Una parte de la ciudadanía de Cataluña ya no siente ni puede sentir como propia la Generalitat. Los Mas, Puigdemont y Torra se han cargado todo aquello que se empezó a construir con Tarradellas. El ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se echó al monte. Le ha dado igual arrasar con todo, mientras se respete su imaginario estatus institucional y su patética condición de guía de un pueblo. Como vemos día tras día ha apostado por el cuanto peor mejor. En algún momento habrá que pedirle responsabilidades por el enorme estropicio provocado.

- ¿Por qué una parte de la izquierda desprecia la Transición? ¿Son remordimientos de conciencia? Al fin y al cabo, Franco murió en la cama

Algo hay de todo esto. El antifranquismo ha sido y sigue siendo sobrevalorado. Pero se añade otro elemento, que es el de las nuevas generaciones, que desconocen lo que significó realmente la Transición, ya que han vivido siempre en una España normalizada gracias a ella.

- ¿La monarquía en España está consolidada?

Relativamente. En España la monarquía no tiene el nivel de arraigo de otros países monárquicos europeos. Se rompió la continuidad en 1931 y el franquismo, a pesar de considerar España un reino, hizo mucho por asentar el sentimiento anti-monárquico. En 1975 todo estaba por hacer. Y Juan Carlos I consiguió crear un país de juancarlistas. Pero no necesariamente de monárquicos a secas. Más monarquistas que monárquicos. De ahí el hundimiento del final del reinado, en plena época de crisis. España no es ni un país de monárquicos ni de republicanos. Felipe VI debe volver a reforzar la monarquía. Seguramente haciendo felipistas. Y por ahora, desde 2014, lo está haciendo muy bien a partir de la ejemplaridad y la transparencia, el rigor y la modernidad, y, también, mostrando día tras día la utilidad de la institución y sus beneficios para España. No lo ha tenido fácil, es cierto: la etapa con dos elecciones generales sucesivas y sin gobierno, el proceso independentista y el golpe, las múltiples crisis. Pero la monarquía de Felipe VI se está consolidando poco a poco, mientras que el republicanismo está decayendo. 

- La pregunta del millón: ¿Cómo acabará el proceso? Si tiene visos de acabar

El proceso no ha terminado. Ha terminado una fase, con clara derrota de los procesistas. Pero el proceso, con otras formas, va a continuar. Vivimos en una Cataluña dividida, fragmentada y casi rota. Solamente existen dos soluciones: o bien la conllevancia orteguiana o bien poner freno y solución a todo aquello que ha hecho posible el proceso.  

- Y la pregunta final: ¿Puede empeorar la situación en Catalunya?

Sí. Y, si me permite expresar mi opinión más bien pesimista, va a empeorar. /Una entrevista de Xavier Rius.

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21 Comentarios

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#17 Fins els ovaris, Figueres, 29/05/2019 - 13:06

Boníssim !

#16 Ciudadano Sinmitos, Barcelona, 28/05/2019 - 23:47

Totalmente de acuerdo con lo que opina de Junqueras. Hace tiempo que lo pienso, pero el análisis grafológico de su escrito en el sobre de la última campaña electoral me lo ha confirmado.

#15 Carles Fortuny, Palau de la Degeneralitat, 28/05/2019 - 22:43

Esquerra Regolpista de Cataluña ha sido y es un escorpión. Lo ha sido siempre. Desde su fundación. Está en su ADN picar a quien, como la rana de la fábula, le crea.

#14 Doctor, Barcelona, 28/05/2019 - 21:44

Gran entrevista. Mañana me compro el libro. No todo esta perdido en Girona, Jordi Canal y Albert Soler son prueba evidente.

#13 Neferu, Barcelona, 28/05/2019 - 21:09

Magnífica entrevista a un no menos magnifico escritor.